¡Levántate, Venezuela!

Entablar una conversación donde la ‘guerra civil’ sea el principal tema de conversación de acorde en este siglo sería algo alevoso, retrógrado, un tema fuera del sentido común bajo la democracia en la que vivimos, en honor a la paz en la que nuestros hijos descansan, sobre la tierra que nos tocó vivir.

Pues hoy, Venezuela está a un pie de entablar una temida batalla dentro de su propio dominio. Las Fuerzas Armadas se levantan contra el régimen del ruin dictador y hacen sentir su poder con un rugido que urge por ser escuchado hasta los confines del fin del mundo.

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El pueblo venezolano apoya el levantamiento militar de Carabobo en contra de Nicolás Maduro. Miles salen a las calles de la plaza del centro de la capital para demostrar su respaldo incondicional, aclamando la libertad de un pueblo que se hunde bajo su propio sendero y que exige ser escuchado.

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Las autoridades extranjeras dialogan entre sí y analizan el contexto para centralizar la forma de ayuda; Estados Unidos, bajo el mando del despiadado, rubio blanquezco y orate Trump desea una intempestiva entrada con toda la potencia de la ‘Army’, mientras que España (bajo el nexo del calmo Zapatero) y los países aliados europeos solicitan el ingreso de una manera no tan frontal. Henrique Capriles es liberado. Juan Caguaripano (comandante líder que tomó el Fuerte Paramacay en Carabobo) se ha rebelado. Que corran las apuestas.

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Venezuela se ha vuelto el infierno en la tierra y es hora de que fuerzas externas hagan sucumbir un imperio que tiene fecha de caducidad. Esta confrontación no pinta nada bien, Venezuela puede (y va) a teñirse de rojo, va a manchar con sangre los muebles del Palacio de Gobierno y las calles quedarán vacías de todo aquel que no jure lealtad a Maduro.

¿Qué esperan las potencias?, ¿cuántos más deben morir?, ¿cuántos más deben padecer las locuras del ruin dictador? En un mundo de ciegos el tuerto es el rey y Maduro tiene el ojo bien puesto en su principal objetivo, cerrar las fronteras y aislar a Venezuela para que pueda desfallecer bajo su látigo. Su visión es egoísta, su dictadora inimaginable, su maldad proscrita enmarca a la perfección la cuaresma de su paraíso perdido.

Maduro se ve como un falso mesías, que llegó a darle la calma a un país que nunca necesitó un profeta, que nunca quiso un dios de barro; que no necesitó de sus milagros de mentira. Pero caerá. Tarde o temprano, bajo una bomba de tiempo que no falta mucho en reventar.

La guerra está a la vuelta de la esquina y Venezuela está lista para la libertad.

Levántate, Venezuela; que tu alma no puede perderse. Que la paz llegará a tus esquinas y que las veredas dejarán de sostener tus cuerpos sin vida.

Levántate, Venezuela. Con el apoyo de todos, y con el de ninguno.

Luis Alberto GutiérrezAutor: Luis Alberto Gutiérrez Escritor y columnista. Novelista. Comunicador.
25 años
Blogger
Descripción en dos palabras: Literatura y Cultura

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