Pisco, Perú

El pisco es peruano. Nadie lo discute. Es más que todo un tema comercial, que no nos aleje de la realidad; el Concurso Mundial de Bruselas (que se desarrolla en nuestro sureño país vecino) es netamente vitrina pura, vitrina pura en su máxima potencia, en su máximo esplendor. Y no, no se rajen, amigos chilenos (que tan bien me albergaron y trataron en su país), que cada cosa en su lugar: ustedes con su aguardiente y nosotros, nosotros para Pisco, familia.

El pisco es peruano, eso no se discute; como tampoco se discute que la piscoleta o aguardiente chileno se distribuya con mucha más potencia y fuerza a nivel mundial y se consuma más por la misma población mapocha. Que no se nos olvide ese pequeño gran detalle; dejemos de lado la pasión, y pensemos un poco más con la cabeza, con el raciocinio, con la verdad, con la realidad.

Porque seamos sinceros, tampoco se trata de jugar el partido con la doble moral, muchos compatriotas se golpean el pecho cual lloronas de viernes santo completamente dolidos, identificados, afectados y petrificados por el hecho de que algunas empresas peruanas desistieran en llamar ‘pisco’ a nuestra bebida bandera en dicho evento mundial para poder participar, y sí, no les falta razón, es un desastre, un ruin, detestable y malévolo plan que lleva a la rabieta coloquial de un país entero, que aún enmendado por cinco productoras de las dieciocho, quienes desistieron de participar en dicho concurso, no puede repetirse jamás; pero entonces, a esos compatriotas peruanos que tanto dolor les ha causado el hecho de sentirse burlados, humillados luego ver el nombre del Perú dejado por los suelos, les pediría que de ahora en adelante en lugar de adquirir productos importados (muchas veces sin saberlo), lean, se instruyan, conozcan y consuman los nuestros.

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Les quiero pedir por favor a esos peruanos de tanto amor propio y tan identificados con nuestra patria, que no vayan más a Ripley, que dejen de ir a Saga Falabella, que no compren en Tottus, que dejen de hacer sus colas para el rico pollo a la brasa en Metro, que ni piensen en ingresar a Wong, que se enteren que mitad de lo que compran en ropa, alimentos y aseo, es chileno. Sí señores, chileno. Y que es más que perfecto cuando se defiende lo suyo, pero mucho más correcto y mucho menos burocrático, es adquirir lo suyo sin necesidad de chistar.

Entiendo, por lo que leo, que la gran mayoría de los ahora nacionalistas por el pisco van a dejar de consumir las marcas ‘traidoras’ en adelante, espero que en realidad puedan cumplir con su prometido y hacerlo realidad. Es jocoso pensar siquiera, en que el típico peruano es un ser del, por, y en conveniencia al momento. Tan simple como eso.

Es gratificante celebrar con proeza y algarabía cuasi extasiada por redes sociales, porque sí, digamos que ahora todos somos periodistas de mentira en Facebook y jueces de juguete por Twitter, cuando en realidad, no hacemos más que ver de qué lado más nos provoca y conviene para coronarnos como falsos campeones.

El pisco es peruano, eso nadie lo discute. Al menos yo no lo hago. ¿Pero, qué hay de nosotros?, ¿somos acaso tan peruanos como lo decimos?, eso, eso sí puedo cuestionarlo.

Luis Alberto GutiérrezAutor: Luis Alberto Gutiérrez Escritor y columnista. Novelista. Comunicador.
25 años
Blogger
Descripción en dos palabras: Literatura y Cultura

2 pensamientos en “Pisco, Perú”

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