«La poesía nace del pueblo. Está en el aire pululando, solo basta que alces tu mano y la mantengas dentro de ti»

Cuando le dicen poeta, Consuelo Solis sonríe. No se la cree, a pesar de que siempre esté generando en papel, en la mente, en su trabajo; en resumidas cuentas, en su día a día. Esto la impulsa a querer compartir todo lo que la vida nos da: la naturaleza, el amor y esas cosas que nos hacen sonreír. La mayoría la reconoce como gestora cultural, pero también hay quienes prefieren verla como un «virus poético», tal y como la llama su buen amigo, el escritor, Javier Arévalo. En efecto, Consuelo ha mostrado parte de sus escritos en sus redes sociales, como también en algunos festivales y eventos que fomentan la cultura comunitaria. Pero es hasta fines del año pasado, cuando viaja a Medellín para realizar una pasantía, que reaviva su producción poética en mayor grado. Es así que, en diciembre, publica en el poemario Lunario 2 (Medellín, 2016) y en el portal Viva la letra, del mismo país.

¿Cómo te animaste a publicar tus poemas en un país extranjero? ¿Por qué no lo habías hecho antes en Perú?

Bueno, nadie me conocía. No existían juicios previos a mí. Esto lo remarco, porque en el Perú mi quehacer ha estado más enfocado hacia la gestión cultural. En Colombia tenía la libertad de presentarme como poeta, sin comparaciones de por medio.

¿Cómo entiendes el ejercicio poético que se practica en nuestro país (qué criticas puedes dar) y qué diferencias notaste cuando estuviste en Colombia?

Yo entendí dos cosas hace tiempo: existen poemas para ser leídos y otros para ser escuchados (lo último depende de cómo es expuesto al público). Personalmente, no me gusta la declamación tan histriónica de los poetas que he tenido la oportunidad de escuchar, por lo que mi atención se diluye rápidamente. Es por eso que no soy muy seguidora de la poesía contemporánea de mi país. Aun así, no puedo dejar de mencionar que la poesía narrativa, urbana y de a pie, que he leído en algunos de mis congéneres, me ha emocionado.

En el caso de Medellín, donde viví un par de meses, los recitales son menos histriónicos o teatrales.  Es mucho más sencilla su oratoria, y es en esa humildad tan íntima (como de quien te dice algo al oído), que me dejé cautivar por su poesía, a pesar de que la mayoría comparte un estilo simbolista, característica que normalmente no es de mi agrado.

¿Has pesando publicar un poemario o es aún muy precipitado pensar en ello?

Mi poesía ahora está en un constante movimiento. Me lo han propuesto, pero aún quiero disfrutar de su evolución, ya que al imprimirla en papel siento que estoy deteniendo su movimiento, como una fotografía.

Pero, de vez en cuando, ¿soltarás algunos poemas (como quien da, de a poquitos, dulces a los niños) en medios de difusión literaria como el portal Viva la letra?

Así es, publicar por redes me resulta cómodo, ya que puedo agregar más y más poesía. Son las virtudes de lo virtual. Además, de que la retroalimentación es un gran punto a favor.  Es así que puedo saber cuántos han entendido mi poesía y darme sorpresas, como las de ver que personas que conozco, y que no tienen como hábito leer, se dan el tiempo y se dejan atrapar por alguno de mis textos. Es, entonces, que puedo saber que aquellos escritos —con los que estoy satisfecha— han logrado comunicar lo que yo deseaba.

Alguna vez comentaste que el 2016 había sido el año en que más habías escrito, ¿a qué crees que se debió este auge productivo?

El 2016 fue un año de limpia, como si un chamán me hubiera escupido aguardiente en la cara. Solté todo aquello que me pesaba; trabajé en gestión cultural. Fue un año feliz, donde mi pecho se ensanchó como el de un elefante, y donde también recibí la energía positiva de mis pequeños lectores en las salas de lectura que dirigía y promovía en la Municipalidad de Barranco. Cómo no derrochar emociones con tanto movimiento.

¿Entonces, para ti, la poesía puede partir de una emoción tan elemental y natural como la felicidad?

Más bien yo creo que lo elemental en el arte es la subjetividad. En mi caso, en el año que ya pasó, la felicidad y la tranquilidad fueron los motores para que escribiera.

Bajo la faceta de gestora cultural en salas de lectura infantiles, que nos comentas, ¿cuáles eran las estrategias que utilizabas para despertar el amor por la literatura a los más pequeños (tanto como lectores y creadores)?

Siempre conjugar diferentes disciplinas artísticas. Por ejemplo, las artes plásticas con talleres de máscaras en que se representaban a los personajes que los chicos leían en los libros. En el caso de los jóvenes con Tatto Poesía, valiéndonos de pintores y diseñadores que pintaban versos de los poetas representativos de Barranco. También realizamos ciclos de cómic, donde invitamos a guionistas y dibujantes de este arte gráfico a las escuelas públicas. El punto siempre fue hacer que los usuarios (niños, jóvenes y adultos) intervinieran en los procesos.

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Has apoyado y participado en proyectos que fomentan la cultura comunitaria (Poesía en Vivo, Programa de Salas de Lectura de la Municipalidad de Barranco, Micrófono Libre, biblioteca comunal en V. E. S.), coméntanos tus experiencias al respecto, teniendo en cuenta que estos proyectos descentralizan los focos habituales (elitistas) en que se practica la poesía en nuestro país.

La poesía nace del pueblo. Está en el aire pululando, solo basta que alces tu mano y la mantengas dentro de ti. Cuando te das cuenta de eso, se te viene un verbo a la cabeza: compartir. Compartir lo que buenamente la vida te ha dado; educación, experiencias y buenas intenciones. Es tan contagioso como una epidemia cuando lo haces desde tus entrañas.

A mí me gusta Miraflores, amo Barranco, pero también San Juan de Miraflores, donde crecí y pasé mi adolescencia. Es aquí donde me di cuenta de que no solo yo adolecía, sino todo mi distrito también. Adolecíamos de espacios públicos, de un lugar donde reunirnos a conversar, donde tomarnos algo sin tener la paranoia de mirar a los lados porque nos podían robar. Adolecíamos del «otro» cine, de música al aire libre, de poesía fuera de bares donde solo iban otros poetas y los amigos de los poetas. Queríamos contarle a la gente de los mercados, de los parques, al sujeto de a pie, que la poesía está ahí también, donde ellos pisan. Entonces, me dije: «Vamos a crear esos espacios. Vamos a conquistarlos y empoderarnos en ellos».

El peruano es creativo, eso es indudable; buen material humano no nos falta. Lo que quizás sí, es un poco de ánimo y valor para atrevernos a colonizar eso que, como ciudadanos, nos corresponde. Es así que, con otros locos que pensaban como yo, decidimos organizarnos, y ahora estamos haciendo que suceda.

Del mismo modo, desde muy joven, perteneciste a movimientos literarios (Tajo, Sabales, Santo Tabú) que nacían en las universidades, pero que se abocaban a los espacios públicos, donde realizaban intervenciones poéticas, por ejemplo. ¿Qué aprendizajes obtuviste de ellos?

Que la literatura y la poesía no están muertas, y no solo residen en los libros. Están en la gente y son para la gente. Que así como nosotros, jóvenes entusiastas, las letras también podían estar igual de vivas. Le inyectamos nuestra juventud a todo acto poético.

Finalmente, ¿de qué manera todas estas experiencias han influido en tu escritura?

Influyeron de manera visceral.  Creo que el punto está en escribir de lo que conoces, de lo que sientes, de lo que te duele. Si escribes de aquello de lo que sabes, podrás comunicarlo. Podrás hacerle sentir a tu lector aquello que revoluciona en tu pecho. Y es por ello que los temas de los que escribo son urbanos, de ciudad, de asfalto, pero también de la sierra, de la naturaleza. Recordando mis orígenes, porque al escribirlos reafirmo quien soy.

SARAI

 Consuelo Solís

El día en que vuelva el amor

escuchen, señores:

Se abrirán iglesias,

coliseos

y colegios.

Los niños dejarán las duras carpetas

y recorrerán el patio felices.

Los feligreses sacarán las posaderas

de las bancas de madera

interrumpirán al cura

i dirán: Te amo.

Entre hombres,

mujeres

y todo ser humano

que guarde un tamborcito en el pecho.

El día en que vuelva el amor.

Yo abriré mi pecho

con una Gillette

y saldrán mariposas volando.

Saldrá vino.

Saldrán payasos,

y todos formaremos un circo.

El alcalde declarará feriado,

los autos se volverán

bicicletas

y entre todos

formaremos una comparsa.

Un bolero eterno

que cruzará ciudades;

y diremos:

¡Mírennos,

aquí ha renacido el amor!

¡Contágiense,

que no hay mejor lepra

que la alegría!

Que no hay mejor sol

que nuestras sonrisas.

Que no hay mejor llanto

que el nuevo mundo

naciendo de nuestros ojos.

Aclámennos,

porque de nosotros es el reino;

el reino de ese cielo,

que una vez prometieron en los libros.

Aquí está en la tierra.

En nuestra tierra.

Querido mundo

Querido Perú.

Para leer más sobre la autora pueden visitar el portal: http://vivalaletra.com/desde-peru-consuelo-solis-nos-trae-sus-escritos

Consuelo Solis Rivera. Es periodista de carrera y gestora cultural por vocación. Se dedica a la promoción de lectura en bibliotecas públicas y comunitarias. Nació en Lima. Viajó a Colombia y se encariñó con Medellín. Le apuesta a la poesía como cualquier mortal que es capaz de creer que el mar es más que una masa de agua salada.

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