El microrrelato: «Lo importante, al fin y al cabo, es la calidad de lo escrito»

Carlos Enrique Saldivar destaca, en el circuito literario nacional, como escritor de narrativa fantástica, ciencia ficción y microrrelatos. Hace unos meses, quedó como finalista en el XIV Certamen Internacional de Microcuento Fantástico organizado por la revista miNatura. Tuvimos la oportunidad de conversar con él sobre el género narrativo que, en los últimos años, está siendo revalorado, practicado y premiado en nuestro ámbito nacional: el microrrelato.

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¿Cómo surgió tu interés por escribir microrrelatos?

Desde siempre. Surgió leyendo microrrelatos y teniendo ideas condensadas que no pasaban de una página y cuya realización me gustaba. Por desgracia, muchos de mis textos de antes de 1997 se han perdido, y con ella buena parte de mi producción de ficción brevísima, pero al ser construcciones mentales tan breves pude reescribir varias y hasta fueron publicadas. En mi adolescencia escribía textos cortísimos, inspirado en relatos muy breves que leía en textos escolares de Monterroso y Borges, y en obras que conseguía en librerías de libro viejo, como Bestiario de Juan José Arreola y Latinoamérica fantástica, donde había cuentos brevísimos, incluyendo una selección de lo mejor de La sueñera, volumen de Ana María Shua. Todas estas lecturas me ayudaron a redactar mis propias minificciones, aunque yo no tenía conciencia de que eran una modalidad textual aparte, y hasta 2011 no se me ocurrió que podía publicar volúmenes de solo microrrelatos. Mención pertinente, me inspiraron algunas minificciones del libro Manía de contar, del escritor ecuatoriano Raúl Vallejo, a quien conocí en 2009 en la Feria Internacional de Libro; fue una experiencia enriquecedora.

¿Cuál es la naturaleza del microrrelato y cómo podríamos definirlo?

Un microrrelato es una narración brevísima que cuenta algo. No hay convenciones respecto sobre cuántas palabras como máximo debe tener. En los Grupos Heliconia (que posee varios blogs), donde he publicado infinidad de ellos a través de los años, concordábamos en que podía haber un máximo de 300, pues hasta ese límite muchos teníamos textos bien hilvanados en tanto que con 301 palabras sentíamos que ya estábamos «decorando» o «alargando» un poco el texto. Por lo tanto, hoy en día yo trabajo, como microrrelatos, ficciones de hasta 300 palabras, y siento que el eficaz desarrollo de los argumentos y la concisión se me dan muy bien en ese radio de acción. No soy un teórico de esta modalidad discursiva, pero opino que es acertado informarme un poco para conocer la naturaleza de aquello que escribo, pues no es difícil entender qué es exactamente un microrrelato, lo cual ya expliqué al inicio de esta respuesta. El microrrelato, además, tiene características que lo hacen particular: la más importante es la brevedad, se define por su brevedad y su narratividad; es decir, debe existir allí una historia.

Ricardo Sumalavia mencionó al diario El Comercio que consideraba al microrrelato como un género híbrido por excelencia, ya que este sería el punto de intersección de varios géneros, incluso los no narrativos. ¿El microrrelato puede condensar en algún punto la omisión de la narratividad?

Es difícil decirlo, pero concuerdo en parte con ese postulado. Todo depende de cómo sienta el texto el escritor. Aunque para ser un microrrelato deba poseer narratividad, opino ―como han dicho Rony Vásquez y Ana María Shua— que la literatura es primordial. Desde ese punto de vista me parece que a partir de una minificción se puede experimentar logrando nuevas formas literarias; lo importante es que se haga bien, porque es un proceso difícil, si agrada primero al escritor, luego al lector, pienso que esta modalidad puede acercarse a la poesía o hacerse indefinible, inclasificable. Lo importante, al fin y al cabo, es la calidad de lo escrito.

¿Qué opinas sobre el uso de diversos términos para referirse a esta modalidad narrativa, por ejemplo: «microrrelato», «minificción», «minicuento»?

Creo que resulta un tanto problemático, podría llevar a confusión y es necesario que se hagan de uso común una o dos definiciones para referirse a lo mismo. Yo utilizo «ficción brevísima», pero también uso «microrrelato» y «minificción», que son los términos más usados por los investigadores, y lo cierto es que muchas publicaciones también las utilizan y se les entiende perfectamente, asimismo, cuando yo anuncio una publicación dentro de esta categoría uso «microrrelato» y «minificción» como sinónimos y los demás (lectores, editores y otros escritores) me comprenden bastante bien, saben que se trata de un texto brevísimo que cuenta algo. Así lo asumen, y la nueva generación de lectores aprenden, por medio de la lectura, que hay que enfrentarse a un microrrelato de diferente forma que un cuento de mil, dos mil o más palabras, pues una minificción es un texto donde todo está dosificado y debe leerse con atención, pues, aunque tenga pocas palabras, puede contener mucha información, la cual debe procesarse. De momento, me atengo a lo que digan los especialistas y espero que se determine antes del final de la década qué término es correcto.

¿Cómo ves la evolución del microrrelato desde la generación del 50 ―en que se consolidó como género literario— hasta nuestros días?

Me parece muy interesante, emocionante incluso. Ha habido un crecimiento exponencial del microrrelato en los últimos años y eso es bastante positivo. El hecho de que se escriban más minificciones y de calidad conviene bastante a quienes trabajamos esta categoría. Así nos acercamos a los lectores con mayor confianza y tenemos una atención por parte de los editores, además, que así podemos publicar libros de autor con dichas editoriales, o colocar nuestros textos en revistas u otras plataformas. Las antologías también son importantes, ya hay una de la generación del 50 y otras donde se puede ver el microrrelato en la actualidad y el panorama es expectante. He notado incluso que hay escritores que no son asiduos a la minificción, que han participado en antologías (como 69, dos tomos compilados por Carolina Cisneros y Alberto Benza), y lo han hecho con ficciones de gran calidad, pues son autores cuajados y al enfrentarse a un tipo distinto del texto que suelen escribir (novela o cuento) lo han hecho muy bien, y ojalá sigan escribiendo microrrelatos. El aliciente es muy necesario. Para mí, es relevante saber si puedo publicar mis textos en plataformas literarias. La idea de que puedo reunir un centenar y publicarlos en formato libro también me llena de mucho entusiasmo para seguir en esas lides. Creo que ahora existe una mayor visibilidad del microrrelato, hay más facilidad para publicar, hay lectores, por eso hay escritores que se animan a trabajar dicha forma discursiva. Siempre con calidad, por supuesto, la calidad es importante para no alejar lectores. En este caso es indispensable una buena visión editorial.

Al ser el microrrelato un texto de extensión breve,  ¿consideras que hay algún riesgo en que el lector ―sumido en la cultura de la inmediatez, por ejemplo— vea al microrrelato como una salida para leer solo lo necesario, solo lo que su tiempo restringido le permita, sin interesarse ya por las lecturas de largo aliento?

No lo creo, conozco lectores que disfrutan de microrrelatos y leen cuentos largos y novelas gordas. Creo que quienes leen minificciones aprenden a leer este tipo de textos, que poseen otro tipo de elaboración, de esencia creadora, y se aprecian de diferente modo. Es más, yo diría que, al ser ficciones brevísimas, le dan opción al lector de tener tiempo para degustar después otro tipo de narrativa. Si bien los medios digitales, en especial las redes sociales, contribuyen a la difusión de los microrrelatos hay que aclarar que no es una literatura fácil, que se pueda absorber y luego olvidar; hay todo un proceso de recepción, es algo complejo.

¿Consideras que el microrrelato es un género que permite, en mayor medida, la incursión de lo fantástico?

Sí, lo fantástico funciona muy bien en el microrrelato. Expuse una vez sobre el tema, y me parece que es porque existe un planteamiento y/o una resolución trasgresores. El conflicto que trastoca la cotidianidad, sorprende al lector y esto gusta. Como lo fantástico quiebra la realidad, genera una vuelta de tuerca que produce un impacto poderoso en el texto. Desde luego, lo fantástico es efectivo además al representar la elipsis, lo que no se cuenta, pero se halla implícito en el texto. Puede ser que haya un trasfondo real, filosófico, y lo fantástico es ideal para mostrar el discurso subyacente, que no se puede decir, pues arruinaría el texto.

Nuestro canon literario prioriza la valoración de la novela como género más sobresaliente, pero en la actualidad somos testigos de un boom de concursos sobre microrrelatos organizados por diversas instituciones (Caslit, El Comercio, Escena Libre), que abren sus convocatorias desde sus plataformas web. ¿Crees que solo es una moda pasajera o que los medios digitales pueden contribuir al posicionamiento serio de esta vertiente narrativa? Lo menciono porque en uno de los concursos una categoría se premiaba con la mayor cantidad de «me gusta» en Facebook.

Creo que se ha vuelto una moda, pero la moda no incomoda. Lo que incomoda es la falta de calidad de los textos. Por fortuna, las plataformas son sólidas, las revistas, antologías, blogs y webs son de prestigio. Se pueden convocar cien concursos, pero solo se premia y publica lo mejor; de este modo existe un filtro. Cada quien puede escribir lo que desee, empero, de las instituciones y editores dependerás discernir lo bueno y lo malo. Discrepo de los concursos que galardonan con base en los «me gusta» del facebook, porque son seleccionados los que tienen más amigos, independiente de si la ficción esté bien. Cuando les hice la observación, fueron amables conmigo, me dijeron que su deseo es pulir futuras versiones de su certamen.

Eres uno de los representantes actuales de este género, y, tras haber quedado como finalista en el XIV Certamen Internacional de Microcuento Fantástico organizado por la revista miNatura, ¿qué claves y recomendaciones darías a todos los escritores interesados por incursionar en esta modalidad de relato breve?

Leer mucho, y leer los microrrelatos desde otra perspectiva, para desentrañar sus misterios con un ojo de halcón. Sobre todo, si se quiere participar en un concurso organizado por una revista, leer las compilaciones anteriores de ese certamen. Y escribir mucho, no de manera definitiva, sino a modo de práctica. Si hay mucho ensayo y error es bueno, porque eso indica que el escritor se acerca cada vez más al texto logrado, que satisfaga, que se publique, que sea reconocido.

¿Qué antologías, compilaciones, revistas, autores recomiendas leer sobre este género literario?

Podría recomendar algunas editoriales, escritores e investigadores. Me parece excelente la labor que hace editorial Micrópolis, por ejemplo; ahí he leído a algunas bastiones del microrrelato actual: A la luz de la luna, de Alberto Benza; SUM, de Tanya Tynjälä; Almanaque, de Christian Solano; entre otros. También sugiero leer las muestras que publica Altazor, en especial una selección temática dividida en dos tomos: 69, de microrrelatos eróticos. Las antologías y selecciones son factibles, porque muestran lo que se está haciendo. Lo cierto es que cualquiera puede hacer su selección, aunque no creo que en un futuro se realicen sin ton ni son; lo correcto, como señalé en mi respuesta a otra pregunta, es que el editor y/o compilador investigue sobre esta modalidad discursiva para que no cometa errores en el prólogo, el cual no necesita ser largo, pero sí preciso para decir cómo está enfocada la compilación, y para dejar en claro qué es un microrrelato y que son microrrelatos los incluidos en el libro. Con respecto a la investigación de la minificción, recomiendo todo lo que publiquen Rony Vásquez Guevara y Óscar Gallegos Santiago, que no solo escriben textos académicos sobre el tema, también realizan buenas antologías. Con respecto a las revistas, en Perú, tenemos Plesiosaurio y Fix 100, ambas en la red y de descarga gratuita. Además yo dirijo una revista llamada Minúsculo al Cubo, de la cual ya tengo preparado un segundo número (el primero está digitalizado en la web). Hay muchos autores bastante interesantes que trabajan el microrrelato en la actualidad, si cometo alguna omisión no me perdonarían. Podría darte veinte nombres, pero solo te daré dos, pues son escritores que merecen una mayor atención: Adriana Alarco de Zadra y Benjamín Román Abram. Eso, con respecto a los actuales, y sobre los escritores conocidos, me gustan mucho las minificciones de Juan Rivera Saavedra, Fernando Iwasaki y Sandro Bossio Suárez. Mi respuesta se adentra solo al caso peruano, si no me extendería mucho, pero a fin de sugerir autores extranjeros, menciono a dos grandes microrrelatistas: Ana María Shua y Pía Barros.

En los microrrelatos también se trabajan técnicas poco usuales, por ejemplo, sus escritos pueden contener una autoría compartida, como los realizados a «cuatro manos». ¿Esta dinámica asienta mejor con el microrrelato? Cuéntanos tu experiencia.

Bueno, los cuentos largos o las novelas también se pueden escribir a cuatro manos, o «en colaboración», como bien se dice en el medio editorial. Es un método muy interesante para escribir textos y me ha funcionado estos años. Como una fase, era algo que quería realizar y lo hice. Todo se originó en los Grupos Heliconia, comité editorial dirigido por el escritor argentino Sergio Gaut vel Hartman, el cual publica varios blogs dedicados al cuento largo, la poesía y el microrrelato. En esos grupos (que están en facebook como «Abducidores de textos») se proponían diversos ejercicios temáticos y con restricciones en el número de palabras. Por ejemplo: escribir un cuento de hasta 300 palabras sobre gatos. El texto se escribía y se pegaba como comentario en el hilo del ejercicio, luego se publicaba en los blogs y se evaluaba si podía entrar en antologías. Así he publicado algunos en papel en países como México y Argentina. Ha sido una experiencia gratificante que me ayudó mucho a crecer como escritor y a tener lectores en otros países. En algunos de aquellos ejercicios que menciono la premisa decía que se podían escribir textos entre dos personas, alguien dejaba el inicio y el otro lo completaba, así trabajé con varias personas y me desempeñé mejor cerrando los textos. Incluso hubo ejercicios para escribir cuentos a seis manos, en los que también he participado, y «cadáveres exquisitos», que son narraciones iniciadas por alguien y continuadas por varias personas, así han salido cuentos de hasta diez personas, aunque no he participado en estos últimos, porque me gusta mucho dominar en el resultado final. Lo bueno es que he encontrado personas con las cuales trabajar microrrelatos a cuatro manos, gente con la que me siento cómodo, las personas con quienes más minificciones he escrito son Alejandro Bentivoglio, Ada Inés Lerner y Sergio Gaut vel Hartman, todos de Argentina. Tengo libros inéditos de minificciones a cuatro manos que espero publicar en un futuro cercano. De momento, aclaro, ya no estoy trabajando textos a cuatro manos, fue una etapa muy llamativa de mi carrera literaria, pero ahora me estoy desempeñando con fuerza en los textos en solitario. Trabajar a cuatro manos puede ser una experiencia sorprendente, grata, pero también puede ser que a veces uno no quede satisfecho y el escritor no trabaja la mitad, por lo contrario, se trabaja el doble, pues hay que revisar la armonía total del texto, hacer coordinaciones de revisión con el otro autor, probar distintas versiones; en resumen, no es tan fácil, además debe existir una química especial entre ambas partes, si ambos nos movemos en la misma frecuencia, aun teniendo estilos distintos, las ficciones funcionarán.

¿Qué nos preparas en relación con el microrrelato? Coméntanos algunas novedades.

Tengo varios libros inéditos de microrrelato. Quiero tomarlo con calma con los textos escritos a cuatro manos; sin embargo deseo publicar, ya en 2017, un volumen en solitario con cien textos; tengo en mente a una editorial. Lo positivo es que he publicado decenas de minificciones en diversas plataformas y eso valida la calidad de gran parte de mis trabajos, no porque lo diga yo, sino porque en su momento lo dijeron diversos editores y porque varios de estos textos me son solicitados para reeditarse en diversos medios, virtuales e impresos; por tal motivo, confío mucho en mi trabajo y seguiré con ello. Si bien me gusta mucho el microrrelato clásico, trato de experimentar nuevas formas de contar, de escribir ficciones atípicas. Hay que escribir y leer mucho; de varios textos que trabajo al día siempre uno que queda, pues me satisface. No es una labor rápida, aunque me organizo para tener horas libres y redactar cuentos. Algún día hablaré sobre el proceso de escritura de una minificción; es más arduo de lo que parece. Además, como dije, preparo el segundo número de mi revista Minúsculo al Cubo, que espero sacar en el verano de 2017. Lo bueno es que cuento con el apoyo de Benjamín Román, como coordinador, y de Carlos Echevarría, como editor: su casa editora Torre de Papel hace una labor excelente. También estudio esta modalidad discursiva para aproximarme a ella mediante reseñas, artículos, panoramas y otros, a fin de difundir la minificción peruana en el extranjero; por fortuna, hay material y calidad.

A continuación dejamos dos microrrelatos del autor:

DESPUÉS DEL FIN DE AÑO

 Carlos Enrique Saldivar

Rodolfo camina a la deriva, aturdido. Todos celebran el Año Nuevo.

El momento se acerca, restan pocos minutos para que den las doce, y así el año 2113 terminará. Las personas instalan sus cajas de cohetes tecnoecológicos, los encienden, las luces en el cielo son vistosas. En algunas esquinas hay muñecos holográficos. Las quemas virtuales en los exteriores de las casas también son populares. Hay personas corriendo con maletas flotantes, gente vestida con prendas amarillas (buena suerte), rojas (amor), naranjas (viaje a Marte). El hombre recuerda cuando era niño –hacía cuarentaiún años– y cenaba lechón junto a su familia. Muchos peruanos reciben el Año Nuevo de esa manera; Rodolfo no quiere ver por las ventanas, mas no puede evitarlo, no es envidia lo que siente sino pena, pues sabe que después de toda esa alegría no habrá nada más. Intenta deducir cuándo se dio el fenómeno espacio-temporal, ¿conjunción de planetas?, ¿algún tipo de energía cósmica? Sabe que todo se inició, al menos, unos diez años antes; por aquel entonces obtuvo consciencia de lo que acaecía en el mundo, y, en definitiva, el evento se había dado en el segundo «cero», el instante en que terminó el 2113; no hubo un 2114, el segundo siguiente fue el primero del año 2113, que comenzaba nuevamente.

Suena a chifladura: el año 2113 se repite una y otra vez.

El hombre se pregunta si alguien más se ha percatado de ello, hace tiempo que busca a otros como él, sin resultado. Antaño intentó revelar el secreto a los demás, empero, nadie le creyó. Ha desistido ya de contarlo, no quiere arruinarle a la humanidad su gozo pasajero.

Los fuegos artificiales revientan por montones, ya es tiempo.

Rodolfo aparece en la banca de un parque. «Puede que este año sí consiga salir del planeta», piensa.

*Texto finalista del I Concurso de Microficciones, organizado por el grupo Abducidores de Textos. http://minimalismoscuentos.blogspot.pe/2015/12/despuesdefindeano-carlosenriquesaldivar.html

FETICHE

Carlos Enrique Saldivar

Ella dejó su zapato de tacón alto abandonado en la fiesta; el príncipe lo cogió y se dispuso a buscar en toda la comarca el pie en el cual encajara aquel accesorio. Finalmente lo encontró. Ahora el príncipe vive contento, tiene en el centro de su habitación ese hermoso zapato de oro, y dentro de este el pie cercenado y disecado de la muchacha pobre que murió desangrada a sus manos.

*Texto finalista del XIV Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2016. http://www.servercronos.net/bloglgc/index.php/minatura/2016/10/15/revista-digital-minatura-152

Carlos Enrique Saldivar. (Lima, 1982). Director de la revista impresa Argonautas y del fanzine físico El Horla. Miembro del comité editorial del fanzine virtual Agujero Negro, publicaciones dedicadas a la literatura fantástica. Director de la revista impresa Minúsculo al Cubo, dedicada a la ficción brevísima. Finalista de los Premios Andrómeda de Ficción Especulativa 2011, en la categoría: relato. Finalista del I Concurso de Microficciones, organizado por el grupo Abducidores de Textos. Finalista del Primer concurso de cuento de terror de la Sociedad Histórica Peruana Lovecraft. Finalista del XIV Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2016. Publicó los libros de cuentos Historias de ciencia ficción (2008), Horizontes de fantasía (2010) y el relato El otro engendro (2012). Compiló las selecciones: Nido de cuervos: cuentos peruanos de terror y suspenso (2011) y Ciencia Ficción Peruana 2 (2016). E-mail: fanzineelhorla@gmail.com

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Por Johanna Saavedra

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