CAPRICHO 03: CHRISTIAN RIVERA SOLO HA ESCRITO LA MITAD DE “HOSTIAS DEL MAL”

«Bienvenidos al infierno de los ángeles caídos», advierte la voz poética de Hostias del mal (2015). El lector está avisado, no hay devolución de almas una vez iniciado La otra aventura, como dijera el gran Adolfo Bioy Casares.

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Christian Rivera ejerciendo la poesía.

«Tengo el ala rota dentro del alma, / un vergel de sirenas, / un cántaro donde la noche / bebe el dolor del mundo». Sí, «a veces tengo ganas de ser Dios, / visitarlo como a un amigo / que no veo desde la infancia, / preguntarle si se acuerda de los hombres, / las tardes, los colores de las aves, /  las calles que fueron cambiando / nuestra inocencia al amanecer», escribe Christian Rivera.

«El silencio es la única verdad / que las palabras tratan de desmentir». Ante esto, él insiste: «he liberado mi corazón de su cárcel / y lo he dejado volar / para que así aprenda / la soledad de los hombres» y «el amor (que) ha inventado muchas muertes / para sobrevivir en la vida». Oíd, solo los verdaderos amantes saben «cómo engañar al tiempo», «cómo vuelven dos cuerpos de la muerte». ¿Mentirá un poeta?

Aun así, «siento esta muerte llegar / como una forma de amor puro». «No hemos partido nunca / y, a mi lado, sigues sin ganas de morirte», oh Erato. «Una mujer haciendo el amor / sobre la arena es el mar», «una mujer haciendo el amor/ es el reflejo del sol sobre el hielo». ¡No, en definitiva, esta es la verdad de las mentiras!

La música continúa. Y «llegamos hasta aquí sin conocernos / entre equipajes sin destinatarios». «Es la experiencia con la vida», pues «la poesía se descarna y reencarna con / los siglos» hasta que «regresen (también) los hombres que nunca existieron, / los que despoblaron la tierra antes del edén / cuando era muy niño Dios y jugaba a ser Dios». Hoy es el día, hoy incluso Rebeca –figura a quien está dedicado el poemario– regresa. Vale decir, que ella, junto a su amor de abuela y su importante etimología, probablemente haya excusado el lazo o nudo que reúne a cada una de las tribulaciones y el deseo –siempre superior a la fe– del autor. Es una extraña intuición.

«No ha quedado piedra sobre piedra: / la ciudad aplastó / nuestras sombras / hasta desaparecernos», concluye el poeta. Y sí, es cierto, Christian Rivera escribió solo la mitad del libro porque la otra mitad nos pertenece, debe ser creación nuestra.

Venid, ¿jugamos a leer?

«La ciudad es detenida por las llamas

rojas de los semáforos,

los casinos, los claustros, manicomios,

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Ópera prima del autor.

los cajeros automáticos, prostíbulos al paso,

de las putas entrando en las catedrales

confesando a los cardenales en el seno de Abraham,

que ellos bendecirán con la simiente de Cristo,

arrojando su semen sobre ellas,

purificando las hostias del mal

que exhibirán en sus vientres libres de culpas,

y sus marginales hijos heredarán el reino de los cielos

estableciendo en la tierra su reinado

renovando la compra de un seguro

de vida para la muerte.»

 

Jhocer GonzalesAutor: Jhocer Gonzales (Junín, 1996). Poeta y educador.

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