“Chapecoemcèu”

El pasado miércoles en el estadio Atanasio Girardot de Medellín, hubieran alcanzado la gloria jugando la primera final de la Copa Sudamericana; sin embargo, la muerte no distingue, y el Cerro Gordo en Antioquia, minutos antes de aterrizar, les arrebató aquel sueño, y echó a llorar a un mundo entero.

El modesto equipo chapeco fue cambiado de vuelo el día lunes, del chárter que tenían listo para embarcar a un vuelo comercial; presuntamente por desperfectos propios de una aeronave de esas características, fue por esto que el equipo brasileño. Viajó desde Brasil con destino a Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) y no en vuelo directo al país cafetero. Finalmente, partieron hasta Medellín en un, también, chárter de la aerolínea boliviana LaMia; sin saber que el vuelo 2933 iba a ser el último al que subirían y que ese, el que los llevaba a la gloria, los engañaría de la peor manera, llevándolos a un destino al que, ¿quién sabe?, no tenían el boleto comprado.

El viaje se tornó común, normal y divertido según las imágenes y vídeos que ahora vemos con gran aplomo y sentimientos encontrados realizados por los mismos jugadores, pero pasadas las diez de la noche, un desperfecto eléctrico, derivado de la falta de combustible en el LaMia 2933, selló la tragedia aérea y la loma grande, oscura y espectral del Cerro Gordo en el departamento de Antioquia en Colombia, se llevó la vida de setenta y un personas, entre las cuales, miembros del equipo de fútbol, tripulación y periodistas, viajaban con las mismas esperanzas y alegrías; esperanzas de regresar a casa, y alegrías de imaginarse con sus familias. Alegrías, que se convirtieron en lágrimas amargas, lágrimas que sucumbirán en la memoria de todos, hasta el final.

accidente-de-chapecoense-2310366w640.jpg

Mientras el capitán, en la última conversación que mantuvo con la torre de control, queriendo sonar calmado pero en notorio estado de nerviosismo solicitaba vectores, las luces se apagaban y el sonido del motor dejaba de escucharse. Los gritos fueron un pandemonio que el estruendo del choque silenció y junto con él, trajo consigo la pena y resignación aún no encontrada por las familias que esperan, y esperarán, levantarse de aquella pesadilla.

La grandeza de los pasajeros vivirá siempre en el pensamiento de cada uno, y aquel fatídico vuelo, será recordado como una de las más grandes tragedias no sólo del fútbol, si no de la historia, historia que nos hizo uno. Sin rencores ni odios, sin revanchismos ni oportunismos.

Descansen, amigos; que deben estar preparados para afrontar a cualquier equipo que quiera a retarlos en este, su nuevo hogar, pero esta vez, serán los ángeles quienes los aplauden desde la tribuna, aureolas quienes los reciban y el cielo, su cancha neutral.

Descansen, campeones; que nos volveremos a ver, ¿por qué no?, para jugar otra final. Una final más.

 

Luis Alberto GutiérrezAutor: Luis Alberto Gutiérrez Escritor y columnista. Comunicador.
24 años
Blogger
Descripción en dos palabras: Literatura y Cultura

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s