Ready, Freddie?

El 24 de noviembre de 1991 fallece el mejor cantante de la historia del rock and roll. Veinticinco años después, parece aún seguir vivo.

Hablar de Freddie Mercury, el barítono de Zanzíbar, es sin duda, hablar de un astro de otro planeta. Una realidad que fue, que sigue siendo y que perdurará en la historia musical.

Es imposible negar el recuerdo del Wembley del 86, donde un extasiado y endiosado Mercury abría con ‘One Vision’, dándole a Inglaterra y al mundo entero “una visión” más para amar y adorar la melancolía de la música, su música. Es imposible negar el recuerdo de las miles de personas que seguían el ritmo de sus notas perfectas, que se soñaban eco, que sucumbían con el movimiento de su cuerpo, que deliraban con su chaqueta amarilla, que añoraban ser parte de él.

Es imposible negar, también, el recuerdo de la delgadez que se fue vislumbrando álbum tras álbum, en su voz, en su rostro y en sus manos. El cabello largo y sedoso se acortó junto al bigote negro que ya no estaba; manteniendo sin embargo, su sonrisa, la que siempre le fue fiel, la que nunca lo traicionó, a la que siempre nos mantuvo acostumbrados.

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Freddie Mercury fumaba siempre un cigarrillo antes de componer, fumaba antes de un concierto, con vasos de cerveza, agua y whisky sobre el piano. Fue una ráfaga de excesos (que se permitía como divo), amante del sentido del humor y extravagante , fue abriéndose paso a la inmortalidad. Al recuerdo del siempre, al pensamiento del jamás.

Dos días antes de su partida, reveló el más guardado de sus secretos, aquel que lo carcomía desde hacía ya cinco años, aquel que lo iba alejar de los escenarios para siempre; aquel, que lo llevaría a cantar con los ángeles, aquel, que se llevaría la sonrisa de Brian May, el cabello dorado de Roger Taylor, la mirada lánguida de John Deacon, y las lágrimas de todo un universo que se quebró y lloró su partida.

Es muy complejo pasar desapercibido el poder de la melodía armoniosa de su voz, desde éxitos como ‘My Melancholy Blues’ hasta ‘Made In Heaven’, la tipología y semblante del líder de Queen traspasaron barreras, edades y géneros. Es quizás por eso, que sigue vigente hasta el día de hoy.

Cuando muera, ¿a quién le va a importar? A mí no–. Sentenció alguna vez en una entrevista, irónico, como siempre. Pensando que la muerte es el final de un camino, pero para él, sólo sería el principio de otro más largo. Porque el show debe continuar, porque seguirá en nuestras mentes y cantará en nuestros corazones la rapsodia de su bohemia sin que nada lo detenga, sintiéndose libre, campeón hasta el final.

Porque Freddie Mercury nos dijo adiós hace veinticinco años. Pero su legado lo hizo eternidad, y él, él se volvió leyenda.

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