Un payaso que se ríe de nosotros: el morbo vendible

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Recientemente se ha difundido una noticia que ha estado causando terror a más de un incauto en distintos países. Se trata de los “payasos asesinos”. Si bien no es noticia nueva, pues desde hace algunos años se vienen publicando videos satíricos donde inocentes transeúntes son asustados en plena calle por estos personajes, lo cierto es que, más allá de tratarse de una simple broma, representa un aspecto morboso, mercantilista, peligroso y también triste del hombre actual.

Muchos habrán sabido de esta noticia por medio de un famoso Youtuber que presentó el tema como algo misterioso y preocupante. Un hecho que empezó a reportarse en el estado de Carolina (EEUU) y que pronto se esparció por diversos estados como una plaga de langostas que amenaza acabar con la cosecha entera. Se trata de tipos disfrazados de payasos “diabólicos” que aparecen principalmente de noche en lugares descampados y que, en vez de cometer actos delictivos, se limitan a causar miedo con su aspecto y sonrisas macabras. Incluso se dijo que gran cantidad de estos farsantes tuvieron la intención de secuestrar a niños, entre otras cosas. Pronto la noticia empezó a circular  por países de Latinoamérica como Chile y México, donde se reportaron apariciones similares. Sin embargo, a los pocos días de difundida esta noticia, no faltaron detractores que manifestaran la supuesta verdad de todo esto. Según ellos, se trata de una simple broma realizada por un grupo de admiradores del escritor estadounidense Stephen King, los cuales rememoran al payaso “Pennywise”, personaje principal del libro IT (Eso) del mencionado autor.

Sea lo que sea, todo esto es una prueba más de la triste manipulación que, disfrazada de diversión, entretenimiento, noticia, irrumpe como si nada en la sociedad y se forja un lugar indestructible como parte de su cultura. No cabe duda de que el hombre siempre se verá atraído por lo misterioso, por lo oscuro e indescifrable, pero también es cierto y triste que la población actual se está alejando de las (buenas) manifestaciones que pretenden crear dichas sensaciones pero siempre con un fondo profundo, con un desfile de emociones humanas trabajadas con calidad, con un misterio creíble y decodificador de la condición humana y sus esperanzas, frustraciones y alegrías: el buen arte. Ese buen arte que no solo pretende transmitir emociones sino sobretodo brindar una posición crítica y transformadora de una sociedad que regala su miedo y su plata a un producto barato, disfrazado de payaso.

Como era de esperarse, la novedad de los payasos asesinos ya llegó a nuestro país. Hoy, con menos sorpresa que decepción, vi un reportaje en un canal de señal abierta donde se hace luz sobre los previos para Halloween: el mercado central repleto de disfraces de payasos asesinos que se venden como pan caliente y cuyos precios fluctúan entre los cuarenta a ciento cuarenta soles. El reportero se paseaba por distintas tiendas que ofrecían estos disfraces y se probaba cantidad de máscaras. Al final del mismo, recordaba que hace un tiempo, la gente se “divertía” solo por cinco soles, precio que costaba una grotesca boca de plástico, la cual simulaba parte de la cara del jugador Jefferson Farfán. El slogan con que se ofrecía era “Lleve su boca de Jefferson para que consiga su Yahaira”.

Quizá muchos de ustedes, lectores, que fueron niños en los años noventa, recuerden la gran publicidad que tuvo la película Anaconda en tierras peruanas. Todo esto debido a que nuestra selva es hogar del animal que daba nombre a la película. Pero tal vez no muchos recuerden que, en tiempos del estreno de la película, una noticia corrió en boca de todo el país: gente de nuestra amazonía diciendo haber visto una Anaconda de TREINTA metros de largo acechando por los bosques, comiéndose a los lugareños y causando una serie de incontrolables desmanes. ¿Una Anaconda Hollywoodense en el Perú? Sí, esa misma, tan real como sus héroes.

Hace no mucho se difundió por Facebook un video titulado  “El musulmán suicida”, en el cual se veía a un tipo vestido de Árabe religioso tirándole una mochila a los transeúntes y huir corriendo como si se tratara de una bomba. ¿Qué risa causaba, no? Ver cómo la gente corría, se tiraba al agua, o se ponían en cuclillas por miedo a la supuesta bomba. ¿Qué risa causó también cuando, el año pasado, un sujeto se disfrazó de policía (“lo hice por Halloween”) y estafaba a los conductores, coimeándolos, a pocas cuadras de la comisaria de Zárate, no?

¿Va a causar risa cuando uno de los payasos asesinos realmente sea ASESINO? Esperemos que no se llegue a tal punto. Y esperemos también que, por el bien de la humanidad, la gente que realmente quiera asustarse con payasos, se dé el tiempo de leer las 1501 páginas de “It” o cualquier otro libro del buen terror que han escrito autores como Stephen King, entre otros. Créanme, les tomará menos tiempo que todo el acumulado que le brindan a los espantos basura, a las noticias basura, a la prensa amarilla. Postdata, no olviden que el Halloween no es una fiesta mundial.

Por: Aarón Alva / Reporteros Infiltra2

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